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Historia de una paciente de PPIL:

Crecí como la más joven de una familia mexicana numerosa y estricta en Chicago. En nuestra familia nunca se habló de sexo ni de métodos anticonceptivos, ni siquiera con mis hermanos y hermanas mayores. Cuando era adolescente, era tan ingenua que no sabía cómo evitar tener un bebé o incluso darme cuenta de que tener relaciones sexuales conducía a un embarazo. Cuando quedé embarazada a los 15 años, me sorprendí, pero también, en cierto sentido, me sentí aliviada. Mi vida familiar era muy caótica y vi el embarazo como una forma de huir de la casa.

Me escapé de casa para no contarles a mis padres sobre el embarazo. Mi hermana mayor, con quien vivía en ese momento, terminó dándoles la noticia. Me preocupaba cómo reaccionarían mis padres, especialmente mi padre porque tenía puntos de vista sumamente estrictos. Cuando se enteró, me dijo que nunca llegaría a ser nada si tenía al bebé. Entonces mis padres programaron una cita para que me hiciera un aborto.

Con las palabras de mi padre resonando en mis oídos, confié en mi propia fuerza interior para tomar la decisión correcta para mí. Cuando mi hermana me llevó a la cita, ni siquiera me bajé del auto. Después de que mi padre se enteró de que no había hecho el aborto, estaba tan furioso que me repudió y no me permitieron regresar a la casa.

Y así me abrí camino en el mundo como madre adolescente. Terminé viviendo con mi hermana mayor hasta que pude instalarme en mi propio apartamento. Tuve que trabajar duro para permanecer en la escuela secundaria y tratar de mantener a un bebé. Mi mamá me ofreció todo el apoyo que pudo sin alertar a mi papá de lo que estaba haciendo. Me traía comida y ropa cuando podía y cuidaba a mi hijo para que yo pudiera asistir a clases y mantenerme en camino para graduarme con mis compañeros.

Cuando miro hacia atrás, no sé de dónde saqué la fuerza que necesitaba todos los días. Sin embargo, los desafíos de ser una madre joven cambiaron mi vida para bien, porque en el pasado había ido por mal camino. Antes de quedar embarazada, uno de mis hermanos mayores falleció de SIDA. Si bien nunca se habló en mi familia, todos experimentamos diferentes niveles de dolor, enojo y depresión como resultado de ello. Enfrenté mi dolor involucrándome en actividades poco sanas como las drogas y el sexo. Tener a mi hijo hizo que me hiciera responsable rápidamente y quería ser la mejor persona para él.

Cuando tenía 17 años, quedé embarazada una vez más. Esta vez, entendí mejor los desafíos de criar a un hijo. Hice una revisión profunda de mis recursos y supe que no podría mantener a dos niños por mi cuenta. Esta vez fui yo quien tomó la decisión de programar una cita para un aborto en Planned Parenthood of Illinois. Me sentí apoyada y cuidada en PPIL y nunca me arrepentí de mi decisión.

A pesar de que todo esto sucedió hace más de 20 años, ahora he dado un paso al frente para ayudar a romper el ciclo de silencio y vergüenza, y alentar a otras mujeres latinx a compartir sus historias también. Las personas no deben sentirse avergonzadas por las decisiones personales que toman.

Cuando lo necesité, Planned Parenthood estuvo ahí para ayudarme. Cuando era una adolescente asustada, PPIL me ofreció recursos y me ayudó a obtener atención prenatal y controles periódicos. Y como adulta joven, regresé a Planned Parenthood para la obtención de métodos anticonceptivos y la realización de pruebas de Papanicolaou. Siempre me he sentido aceptada y respetada en PPIL y estoy muy agradecida por la atención que brindan.

Tags: abortion_care, patient_stories