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Estos documentos están destinados únicamente a proporcionar información y no tienen como objetivo ofrecer asesoramiento, diagnóstico o tratamiento de carácter médico.
Orientación sexual e identidad de género

Los rótulos y su significado

Tenemos diversos apelativos para describir la diversidad de identidades y orientaciones sexuales. En los Estados Unidos se usa la sigla LGBTQ... Lesbiana. Gay. Bisexual. Transexual. Y la Q por las palabras en inglés “Questioning” o “Queer” que significan “En duda” o “Raro” en referencia a las personas que todavía no tienen definida su identidad sexual. Otra palabra que se usa es “Straight” para las personas heterosexuales. También están “Sissy Boy” o mariquita. Metrosexual. “Gayish” o amanerado. Son muchos los términos que se utilizan para clasificar a las personas según su sexualidad; algunos consideran que esos términos definen nuestra sexualidad, pero otros consideran que no tienen la capacidad de describir nuestra sexualidad según la entendemos.

Paula Rodriguez Rust, en su estudio del año 2001 sobre la forma en que algunas mujeres se refieren a sí mismas, descubrió que usan las siguientes descripciones:

Se definieron a sí mismas como:

  • ambisexual
  • atraída a las mujeres
  • atraída a la persona
  • atraída a una mujer en especial
  • bi-lesbiana
  • bi-homosexual
  • bisexual
  • bisexual, según la persona
  • bisexual en una relación lesbiana
  • bisexual transgénero
  • enamorada o saliendo con una mujer
  • tortillera
  • bisexual que se identifica con las mujeres
  • bisexual variable
  • homosexual
  • heterosexual
  • heterosexual con tendencias lesbianas
  • bisexual que se identifica como heterosexu
  • heterosexual con rasgos de bisexualidad
  • heterosexual en duda
  • lesbiana
  • bisexual que se identifica como lesbiana
  • lesbiana que tiene sexo con hombres
  • no heterosexual
  • pansensual
  • pansexual
  • poliamor
  • polisexual
  • en duda
  • raro (literalmente) homosexual (uso argot)
  • indefinido

La diversidad de estos apelativos demuestra cuánto se ha avanzado desde que Alfred Kinsey y sus colaboradores idearon una escala a fines de la década de 1940 e inicios de la de 1950 para establecer una clasificación de orientaciones sexuales. Las siete categorías de esa escala responden a los términos de orientación sexual que utilizaron las personas encuestadas por el doctor Kinsey para definirse. Kinsey empleó la palabra “heterosexual” para describir a las personas que desean tener relaciones sexuales con personas del otro sexo. Y usó la palabra “homosexual” para describir a las personas que desean tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

La escala Kinsey consiste en siete categorías:
0 — exclusivamente heterosexual
1 — predominantemente heterosexual, raras veces homosexual
2 — predominantemente heterosexual, algunas veces homosexual
3 — igualmente heterosexual y homosexual (bisexual)
4 — predominantemente homosexual, algunas veces heterosexual
5 — predominantemente homosexual, raras veces heterosexual
6 — exclusivamente homosexual

Hoy en día, muchos sexólogos opinan que la escala Kinsey es simplista. Según ellos el tema de la orientación sexual y la identidad sexual es más complejo y presenta muchas otras variantes. Y, al parecer, las mujeres encuestadas por la Dra. Rodriguez Rust están de acuerdo.  

Las categorías establecidas por la escala Kinsey, así como las siglas LGBTQ, tienen cierto valor en el habla casual y en el ámbito de las investigaciones científicas para describir la orientación sexual y las identidades sexuales. Aunque debemos tener en cuenta que este tipo de clasificación tiene un alcance limitado.

 

Homofobia internalizada

La homofobia es el miedo a la homosexualidad. Nuestra sociedad ha desarrollado actitudes tan negativas en relación con la homosexualidad que muchas personas llegan a temerle a su propia homosexualidad — ya sean lesbianas, homosexuales, bisexuales, heterosexuales o transgénero. Este miedo se denomina homofobia internalizada. El mismo puede generar inhibición sexual en la mujer o en el hombre, aunque sucede más seguido en los hombres.

La homofobia internalizada es un sentimiento tan fuerte que hasta el 30% de las adolescentes lesbianas, homosexuales y bisexuales intentan suicidarse. También puede causar depresión severa. Los grupos comunitarios de lesbianas, homosexuales y bisexuales pueden resultar de mucha ayuda para estos jóvenes proporcionándoles apoyo y ayudándolos a reconstruir su autoestima. También puede ser útil la orientación psicológica profesional.

Es posible que la homofobia internalizada les provoque dificultades a las lesbianas y los hombres homosexuales para establecer relaciones íntimas con sus parejas sexuales. También les puede generar tanto miedo a su condición que prefieran vivir sin sexo, aparentando que son heterosexuales, o que se fuercen a tener relaciones sexuales frustrantes y decepcionantes con personas del otro sexo.
 
Los hombres heterosexuales que tienen miedo de que algunas de sus fantasías sexuales sean homosexuales pueden tener menos capacidad para establecer relaciones íntimas con mujeres. Pueden adoptar actitudes del estilo "tipo duro" o "macho" en sus relaciones sexuales con mujeres. Además, los hombres que sufren de homofobia internalizada son más proclives a cometer ataques a homosexuales u otros tipos de agresiones sexuales. La homofobia internalizada se puede tratar con orientación psicológica profesional y psicoterapia.

“Salir del clóset” es el proceso de aceptarse a uno mismo y reconocer ante los demás la orientación sexual y el género con el que uno se identifica. También es el proceso de desafiar a la homofobia social e internalizada. Tiene varias etapas. La primera, es darse cuenta y asumirlo. Esto puede suceder durante la adolescencia, pero a algunas personas no les sucede hasta que son mayores. Los siguientes pasos implican confesar este reconocimiento propio a otras personas — los amigos, la familia, los vecinos, los compañeros de escuela, los colegas y demás.

Este proceso ayuda a desarrollar y fortalecer la autoestima y la capacidad para tener intimidad, pero puede resultar muy estresante. Las personas a las cuales uno se abre siempre están influenciadas por la homofobia de un modo u otro. Algunas de ellas pueden facilitarnos el proceso, pero otras no lo harán. A pesar del estrés que representa, salir del clóset permite aliviar la homofobia internalizada, aunque no la remedia totalmente. Hay personas que han reconocido su identidad sexual desde muy jóvenes y todavía sufren inhibiciones sexuales y sociales como producto de la homofobia internalizada. Liberarse de ellas puede ser un proceso que dura casi toda la vida.

 

Identidad de género

Muchas personas se sienten identificadas con los géneros femenino o masculino prefijados por las normas sociales. Pero también hay muchas personas que no se siente cómodas con estos roles. Muchas personas aceptan los roles asociados con su género. Pero otras no. A veces, estas personas se sienten inhibidas sexualmente por el conflicto que tienen con su identidad de género.

Algunos encuentran en sí mismos aspectos de ambos géneros. Esto se denomina androginia. Otros sienten que no tienen nada en común con ninguno de los dos géneros. Y otros — hombres y mujeres transgénero y transexuales — eligen adoptar el otro género porque su anatomía sexual no condice con su identidad de género.

Las mujeres y los hombres transexuales pueden adquirir confianza en sí mismos a través de la psicoterapia, los tratamientos hormonales, la cirugía cosmética y el apoyo de su familia y amigos. Igualmente, a pesar del apoyo recibido, deben enfrentar serios conflictos emocionales por las normas sexuales culturalmente establecidas. Las personas que recurren a la cirugía para cambiar de género atraviesan un proceso difícil y costoso.

La mayor parte de la gente no tiene este tipo de problemas con las normas de género culturales. Pero cada uno de nosotros es tan único que es posible que nuestros deseos sexuales particulares entren en conflicto con las normas de género de nuestra comunidad. Por ejemplo, las mujeres tal vez piensan que no está bien ser sexualmente agresivas y los hombres piensan que no está bien ser pasivos. Muchos hombres y mujeres intentan superar sus inhibiciones de género volviéndose hipermasculinos o hiperfemeninas.

La hiperfeminidad es la exageración de los estereotipos de conducta del género femenino. Las mujeres hiperfemeninas, así como algunos hombres homosexuales y transgénero, exageran las características que creen femeninas. Piensan que deben reforzar el ego de los hombres siendo pasivas, ingenuas, inocentes, suaves, insinuantes, elegantes, afectuosas y tolerantes.

La hipermasculinidad es la exageración de los estereotipos de conducta del género masculino. Los hombres hipermasculinos, así como algunas lesbianas y mujeres transgénero, exageran las características que creen masculinas. Piensan que deben competir con otros hombres y dominar a las mujeres mostrándose agresivos, mundanos, sexualmente experimentados, fuertes, físicamente imponentes, ambiciosos y exigentes.

Las mujeres hiperfemeninas a menudo se vinculan con hombres hipermasculinos para tener relaciones sexuales. Y los hombres hipermasculinos se vinculan con mujeres hiperfemeninas. No obstante, es común que establezcan relaciones inestables. Las mujeres hiperfemeninas son más proclives a tolerar abusos físicos y emocionales por parte de sus parejas sexuales. Los hombres hipermasculinos son más proclives a abusar física y emocionalmente a sus parejas.

Hay mucha gente que, a pesar de no presentar rasgos de hiperfeminidad o hipermasculinidad ni tener conflictos de género, tiene complejos o inhibiciones sobre su feminidad o masculinidad que hacen que el sexo les resulte menos placentero de lo que podría ser.



Redactado por Jon Knowles

Published: 01.03.05

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