VPH — El virus de transmisión sexual más común
El virus del papiloma humano (VPH) es una infección común que afecta la piel y las membranas mucosas. Algunos tipos del VPH producen la aparición de verrugas cutáneas en áreas como las manos o los pies. Algunos pueden causar verrugas genitales. Los VPH de alto riesgo pueden causar cáncer en el cuello de útero, la vulva, el pene, el ano o la vagina. Se han identificado más de 100 tipos de VPH virales — aproximadamente 30 a 40% de ellos están asociados con infecciones de transmisión sexual y es posible que una persona esté infectada con más de un tipo de virus al mismo tiempo (Schiffman & Castle, 2003; Wiley et al., 2002). El VPH afecta a los seres humanos desde hace miles de años — algunas crónicas médicas de la antigua Grecia y Roma describían lesiones genitales compatibles con verrugas genitales y las asociaban con la actividad sexual (Jay & Moscicki, 2000).
Actualmente el VPH es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes en los Estados Unidos — sin embargo, el 70% de los norteamericanos nunca oyó hablar de este virus y el 89% nunca ha hablado del VPH con su proveedor de cuidados de salud (KFF, 2000). Casi 20 millones de norteamericanos están infectados actualmente con VPH por transmisión sexual y aproximadamente 6.2 millones de norteamericanos adquieren VPH por transmisión sexual todos los años (Cates, 1999; CDC, 2006). Las mayores tasas de nuevas infecciones genitales por VPH — aproximadamente 74% de las infecciones anuales — ocurren en los adultos jóvenes de entre 15 y 24 años (Weinstock et al., 2004). En el 2000, había aproximadamente 9.2 millones de adultos jóvenes sexualmente activos infectados con VPH — esta cifra es equivalente a uno de cada cuatro de los adultos jóvenes en los Estados Unidos (Weinstock et al., 2004). También hay muchos casos de VPH entre las personas con trastornos inmunosupresores, como el VIH (Koutsky & Kiviat, 1999). Se considera que el VPH está diseminado entre todos los grupos raciales y presenta muy poca variación en cuanto a la cantidad de casos en las distintas regiones de los Estados Unidos (CDC, 2000). Como el VPH es tan común, se lo considera prácticamente un indicador virtual de haber tenido relaciones sexuales (Boonstra, 2004). En realidad, el riesgo de contraer VPH en algún momento de la vida es de por lo menos 50% para todas las mujeres y hombres sexualmente activos y se estima que para la edad de 50 años, por lo menos 80% de las mujeres habrán adquirido VPH por transmisión sexual en algún momento (CDC, 2004; CDC, 2006).
Transmisión
El VPH se transmite por contacto directo piel a piel con una persona infectada. La transmisión se produce usualmente por contacto sexual vaginal, oral o anal y puede ocurrir aun sin la aparición de verrugas u otros síntomas (McDermott-Webster, 1999). Las relaciones sexuales con penetración sin protección con múltiples parejas es la conducta que representa el mayor riesgo para contraer el VPH (Kjaer et al., 2001; Winer et al., 2003).
El virus también puede transmitirse de la madre al bebé durante el parto — lo que también se conoce como transmisión vertical (Puranen, 1997). En uno de los principales estudios que analizaron las infecciones orales y genitales por VPH en los recién nacidos, se demostró que la tasa de transmisión vertical es inferior al 1% (Smith et al., 2004). La papilomatosis respiratoria recurrente (verrugas en el tracto respiratorio) es una de las consecuencias potenciales de la transmisión vertical (Kashima et al, 1996; Smith et al., 2004). Se estima que aproximadamente 2,000 recién nacidos de cada cuatro millones están infectados (Jay & Moscicki, 2000). Esta es una condición seria y potencialmente fatal que puede requerir frecuentes intervenciones con láser para prevenir la obstrucción de las vías aéreas del bebé (NIAID, 2004).
Algunas investigaciones también indican que el VPH puede transmitirse por vías no sexuales, via fómites — objetos inanimados como toallas o ropa interior — pero es necesario profundizar las investigaciones sobre estas formas de transmisión (Carson, 1997; Keller et al., 1995; Stevens-Simon et al., 2000).
Historia natural
Aunque actualmente no existe una “cura” para la infección genital por VPH, la mayoría de los casos son transitorios y desaparecen sin necesidad de intervención médica (Brown et al., 2005; CDC, 2001; Elfgren et al., 2000; Ho et al., 1998). Se estima que aproximadamente el 80% de todas las infecciones por VPH en las mujeres de 15 a 25 años son transitorias (Meijer et al., 1998). Un estudio realizado para determinar la historia natural de la infección genital por VPH, hizo un seguimiento de mujeres universitarias durante tres años (Ho et al., 1998). Se detectó la presencia de VPH utilizando una prueba de ADN sensible que detecta pequeñas cantidades de VPH, aún cuando no hay síntomas presentes. Si bien se detectó una alta tasa de infección por VPH (43% tuvieron resultados positivos para VPH en algún momento del estudio) la duración promedio de la infección por VPH fue de ocho meses. Las pruebas de ADN a repetición demostraron que en el 70% de los casos la infección por VPH se había resuelto dentro del período de un año por el proceso inmunológico natural, y sólo 9% continuaba infectada a los dos años. Otro estudio realizado en Suecia sustentó estos hallazgos, con una tasa de resolución del 92% (Elfgren et al., 2000). En estos estudios, y en investigaciones más recientes, se determinó que el tipo viral de VPH era un factor determinante para la duración de la infección; los tipos 16, AE7, 61, 18, y 73 son los que tienen en promedio la duración más prolongada (Elfgren et al., 2000; Ho et al., 1998; Muñoz et al., 2004; Richardson et al., 2003; Woodman et al., 2001). Otros factores asociados con la persistencia de las infecciones por VPH son la edad (infecciones en personas mayores de 30 años), la posibilidad de que haya múltiples tipos de VPH y el estado del sistema inmunológico (Hildesheim et al., 1994; Ho et al., 1995; Moscicki,et al., 1998).
Manifestaciones subclínicas del VPH
La mayoría de las infecciones por VPH son subclínicas (sin signos o síntomas visibles) y muchas personas con VPH nunca llegan a saber que lo tienen (Verdon, 1997). El VPH ataca los niveles profundos y basales de la piel y en general no genera cambios clínicos o microscópicos en las células de la piel (Keller et al., 1995; Verdon, 1997). En algunos casos, el VPH subclínico puede generar cambios celulares que son detectables sólo mediante el uso de instrumentos clínicos o a través del estudio de las células cervicales. Estos cambios pueden ser, en raras ocasiones, precursores de células cancerígenas (Lytwyn & Sellors, 1997).
Los cambios relacionados con las infecciones por VPH que no se pueden ver a simple vista pueden identificarse utilizando diversas herramientas clínicas:
- Se puede utilizar una lente manual o colposcopio para magnificar el tejido cervical y vaginal (Verdon, 1997).
- El Papanicolau puede revelar condiciones precancerosas del cuello del útero causadas por el VPH. (Algunos expertos recomiendan exámenes Pap anales en los hombres con mayor riesgo de cáncer anal — hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres o que son VIH positivo) (Gilden, 2005; Tuller, 2003).
- Las pruebas de VPH de las muestras tomadas con un hisopado cervical pueden detectar los tipos de VPH de alto riesgo.
En marzo de 1999, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) aprobó el ensayo de Captura de Híbridos II para VPH — una tecnología basada en el ADN que puede detectar 13 tipos de VPH de alto riesgo (los asociados con un mayor riesgo de cáncer) (“HPV DNA Tests”, 2000). Producido por Digene Corporation, este examen de rutina no se recomienda para mujeres menores de 30 años, a menos que hayan obtenido resultados anormales o confusos en el Papanicolau. Esto es porque el VPH es muy común antes de los 30 años, en cambio el cáncer de cuello de útero no lo es, y la mayoría de las infecciones por VPH se curan por sí solas sin causar problemas de salud. Las mujeres de 30 años o más pueden realizarse un análisis de VPH al mismo tiempo que el Papanicolau. Si los resultados de ambos análisis son normales, la mujer tiene bajo riesgo de contraer cáncer de cuello de útero. En ese caso no necesitará realizarse un Papanicolau y análisis de VPH durante los tres años siguientes. Algunas mujeres de 30 años o más prefieren esta opción antes que hacerse un Papanicolau todos los años (ACOG, 2003).
Manifestaciones clínicas del VPH
En algunos casos, la infección por VPH puede presentar manifestaciones clínicas que se detectan a simple vista. Las manifestaciones clínicas pueden ser las clásicas verrugas o una variedad de lesiones en el cuello del útero, la vagina, la vulva, el pene o el ano.
Verrugas genitales
Las verrugas genitales (condylomata acuminata) son la manifestación clínica más común del VPH genital. Más del 90% de los casos son causados por los tipos 6 y 11 del VPH, que se consideran tipos de bajo riesgo porque no están asociados con un mayor riesgo de cáncer (Jay & Moscicki, 2000; Moscicki, 2005; Wiley, 2002).
Se estima que 1% de la población norteamericana sexualmente activa tiene verrugas genitales y las tasas de infección son similares para las mujeres y los hombres (Cockerell, 1995; Jay & Moscicki, 2000; Moscicki, 2005). Todos los años se diagnostican entre medio millón y un millón de casos (Moscicki, 2005).
Las verrugas genitales generalmente comienzan como pequeños bultos que aparecen en la zona anogenital. Pueden presentarse solas o en grupos y a medida que crecen presentan un aspecto de coliflor. En las mujeres aparecen en la vulva, la vagina, el cuello del útero, la ingle o la zona anal. En los hombres aparecen en el prepucio, la cabeza o el cuerpo del pene, en la ingle o en la zona anal, en la uretra y en el escroto (ASHA, 2006; Cockerell, 1995). En pocas ocasiones, las verrugas pueden aparecer en la boca o garganta de una persona que ha tenido contacto sexual con un individuo infectado (Koutsky & Kiviat, 1999).
Las verrugas genitales en general son indoloras, pero pueden causar escozor o irritación (Cockerell, 1995). Las verrugas genitales son muy contagiosas, con una tasa estimada de infección de entre el 60 y el 75% por exposición sin protección (NIAID, 2004; Soper, 2002). El período de incubación de las verrugas genitales es generalmente de entre tres semanas y seis meses, pero puede durar años después de la exposición (ASHA, 1998; ASHA, 2006).
Tratamiento de las verrugas genitales
Como no hay forma de curar las infecciones por VPH, el objetivo del tratamiento es controlar los brotes de verrugas. A pesar de que las verrugas genitales en general desaparecen por sí solas, a veces es necesario realizar un tratamiento. Existe una variedad de opciones para tratar las verrugas, incluyendo el uso de diversos químicos que se pueden aplicar directamente sobre las verrugas genitales:
- ácido biocloroacético (BCA)
- ácido tricloroacético (TCA)
- podofilox
- imiquimod
El BCA y el TCA son químicos que deben ser aplicados por un profesional de la salud. El podofilox y el imiquimod son tratamientos que se pueden recetar para uso en el hogar. El podofilox es una crema o gel aplicado por el paciente que destruye el tejido de la verruga. El imiquimod también es una crema aplicada por el paciente, la cual funciona como modulador del sistema inmunológico. La misma estimula el sistema inmunológico para combatir la infección por VPH. Algunos de estos tratamientos pueden causar incomodidad localizada y, además, algunos no se pueden usar durante el embarazo (ASHA, 2006).
Las verrugas genitales también pueden ser eliminadas por un profesional de la salud con crioterapia (congelación), terapia de electrocauterización (quemadura), terapia de láser o cirugía (ASHA, 2006).
VPH y cáncer
Se estima que en 2006 habrá alrededor de 9,710 casos nuevos de cáncer de cuello del útero invasivo en los Estados Unidos, lo cual causará aproximadamente 3,700 muertes (ACS, 2006a). Cada año se diagnostican alrededor de 500,000 casos nuevos en todo el mundo (WHO, 2005). El cáncer de cuello del útero es el segundo tipo de cáncer más común a nivel mundial en las mujeres y es una de las principales causas de muerte por cáncer en las mujeres de países en vías de desarrollo (WHO, 2006). La edad media de diagnóstico de cáncer de cuello del útero para todas las razas es de 48 años (Ries et al., 2006). La mitad de las mujeres con diagnóstico de cáncer de cuello del útero tienen entre 35 y 55 años (ACS, 2006a).
En gran parte debido a los estudios de rutina como el Papanicolau, el número de muertes atribuidas al cáncer de cuello del útero en los Estados Unidos ha disminuido un 74% entre 1955 y 1992 y la tasa de mortalidad sigue disminuyendo a razón de un 4% anual aproximadamente (ACS, 2006a). El índice de supervivencia a cinco años es de casi 100% para cáncer de cuello del útero preinvasivo y 91% para cáncer invasivo temprano. El índice de supervivencia a cinco años en general para todos los estadios del cáncer de cuello del útero es de aproximadamente 73% (ACS, 2006a).
La población afroamericana presenta un número desproporcionado de muertes por cáncer de cuello del útero — mayormente debido a la falta de estudios de detección. En 2001, la tasa de mortalidad era de 4.7 cada 100,000 mujeres negras, en comparación a 2.2 cada 100,000 mujeres blancas (Ries et al., 2005). Las mujeres latinas y las aborígenes norteamericanas también presentan tasas de mortalidad por cáncer de cuello del útero más altas que el promedio general (NCI, 2005).
A partir de fines del siglo XIX, los investigadores empezaron a sospechar que el cáncer de cuello del útero se transmitía mediante las relaciones sexuales. Los informes médicos observaron que las monjas y las vírgenes no solían tener cáncer de cuello del útero mientras que las mujeres casadas con hombres que viajaban mucho o que habían tenido esposas anteriores que habían muerto por cáncer de cuello del útero eran más proclives a desarrollar este tipo de cáncer (“The Cervical Cancer Virus,” 1995). Hoy en día, entre 15 y 20 tipos de VPH fueron clasificados como oncogénicos y el DHHS (Departamento de Salud y Servicios Sociales) agregó el VPH a la lista de factores de transmisión de cáncer (Janicek & Averette, 2001; Kay, 2005; Muñoz et al., 2003; Schiffman & Castle, 2003; Wiley et al., 2002). Numerosos estudios han demostrado que el VPH se encuentra presente en más del 99% de los tumores generados por cáncer de cuello del útero (Clifford et al., 2003; Walboomers et al., 1999). El VPH 16 y el 18 son los causantes de aproximadamente el 70% de los casos de cáncer de cuello del útero. El 30% restante de los casos está relacionado con otros tipos de VPH (Bosch & deSanjosé, 2003; Clifford, 2003; Shah, 1997).
La mayoría de las infecciones por VPH no llegan nunca a generar cáncer de cuello del útero — incluso sin intervención médica — y el control adecuado de las lesiones precancerosas que se detectan en el cuello del útero con los análisis Papanicolau ha reducido en gran medida la tasa de cáncer de cuello del útero invasivo (Ho et al., 1998; NCI, 1999a). Sólo una de cada 1,000 mujeres con VPH desarrolla cáncer de cuello del útero invasivo (ACOG, 2000).
Tener VPH parece ser necesario, pero no suficiente, para que una mujer desarrolle cáncer en el cuello del útero. Además del tipo de VPH, los investigadores creen que hay diversos cofactores que pueden contribuir con el desarrollo del cáncer de cuello del útero. Algunos ejemplos pueden ser: consumo de alcohol, tabaco, dieta alimenticia, antecedentes familiares, infección por VIH, factores hormonales — incluyendo embarazos múltiples y uso de anticonceptivos orales y de DES, bajo nivel socioeconómico, presencia de otra infección de transmisión sexual, como la clamidia y/o el herpes simple virus 2, y tener como pareja un hombre no circuncidado (ACS, 2006a; Anttila et al., 2001; CDC, 1999; Moscicki, 2005; NCI, 1999b).
Ahora también se considera que algunos tipos de VPH de alto riesgo pueden generar diversos tipos de cáncer de vagina, vulva, ano y pene. A pesar de que estos tipos de cáncer tomados por separado son menos frecuentes que el cáncer de cuello del útero, si se los toma en conjunto igualan el número de casos de cáncer de cuello del útero en los Estados Unidos (ACS, 2006b). La edad promedio de diagnóstico de estos tipos de cáncer es considerablemente mayor que la del cáncer de cuello del útero. La edad media de diagnóstico para el cáncer de vagina es de 68 años y de 69 años para el cáncer de vulva. El cáncer de ano se diagnostica habitualmente a los 63 años en la mujer y a los 58 en el hombre, y la edad promedio de diagnóstico para el cáncer de pene es de 68 años (Ries et al., 2006). Como en el caso del cáncer de cuello del útero, el VPH 16 y el VPH 18 son más comúnmente asociados con el cáncer de vagina, vulva, ano y pene (Eng & Butler, 1997). El VPH también está asociado al 20% de los casos de cáncer orofaríngeo (principalmente lengua y amígdalas) y al 90% de los casos de cáncer de piel en pacientes con inmunodeficiencia (González et al., 2002). También se ha establecido una conexión entre el VPH y otros tipos de cáncer de boca, cabeza y cuello, aunque todavía no se ha investigado lo suficiente como para establecer una relación causal (Mork et al., 2001; Schwartz et al., 1998). Los hombres tienen tres veces más probabilidades que las mujeres de desarrollar cáncer de cabeza y de cuello (HPV Treatment and Prevention Resource, 2001).
Prevención — Vacunación, prácticas de sexo seguro y Papanicolau
Durante los últimos años, se han dado grandes pasos en el desarrollo y los ensayos de las vacunas contra el VPH. Se están desarrollando vacunas profilácticas que previenen el contagio de infecciones por VPH y vacunas terapéuticas para evitar el desarrollo de células precancerosas. Otras vacunas que se están desarrollando son tanto profilácticas como terapéuticas por naturaleza (Austell, 2000).
Gardasil®
Gardasil® es una vacuna profiláctica y cuadrivalente (VPH tipos 6, 11, 16 y 18) fabricada por Merck and Co., Inc., que fue aprobada el 8 de junio de 2006 por la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration) de los Estados Unidos. Los ensayos clínicos han demostrado que esta vacuna, que se administra en tres dosis a lo largo de un período de seis meses, es tanto segura como eficaz (Koutsky et al., 2000; Mao et al., 2006; Skjeldestad et al., 2005; Villa et al., 2005).
Los más recientes estudios de seguimiento (3.5 años después de la vacunación) demostraron un índice de eficacia del 94% contra el VPH persistente tipo 16 (Mao et al., 2006). Estos estudios también han arrojado un índice de eficacia del 100% en la prevención del desarrollo de lesiones precancerosas de alto grado (CIN 2–3) en el cuello del útero vinculadas a los VPH 16 y 18 (Koutsky et al., 2000; Mao et al., 2006; Villa et al., 2005). Hasta ahora, los resultados del estudio FUTURE II, un ensayo de investigación clínica de fase III que se está realizando, determinan que la vacuna es 100% eficaz contra las lesiones precancerosas en el cuello del útero vinculadas a los VPH 16 y 18 y otras lesiones genitales vinculadas a los VPH tipo 6 y 11 (Skjeldestad et al., 2005).
Excepto por la irritación local en el lugar de la inyección, los efectos colaterales de la vacuna en el grupo de estudio fueron similares a los presentados en el grupo placebo (Kahn, 2005).
CervarixTM
GlaxoSmithKline (GSK) también está trabajando actualmente en el desarrollo de una vacuna profiláctica contra el VPH, Cervarix™. Los ensayos clínicos de esta vacuna bivalente (VPH tipos 16 y 18), que se administra en tres dosis, han demostrado que es tanto segura como eficaz (Harper et al., 2004). Los últimos estudios de eficacia realizados determinaron que la vacuna es 100% eficaz para la prevención de las infecciones por HPV tipo 16 y 18, y casi 100% inmunogénica por el período de 4.5 años que se ha estudiado hasta ahora (Harper et al., 2006). No se informaron eventos adversos graves respecto de la vacuna durante los estudios (Kahn, 2005). Los resultados preliminares de los ensayos clínicos de fase III determinaron que los niveles detectables de anticuerpos de VPH 16 y 18 seis meses después de completar las tres dosis de vacunación eran por lo menos 16 a 26 veces más altos que los niveles de anticuerpos detectados después de una infección natural (GSK, 2006; Schwarz et al., 2006). GSK presentó una solicitud para la aprobación de su vacuna en Australia, Europa y algunas partes de Asia y Latinoamérica en marzo de 2006, y también espera presentar su pedido de aprobación a la FDA para fines de 2006 (GSK, 2006).
Aceptación social de las vacunas contra infecciones de transmisión sexual para los jóvenes
Como los HPV tipo 16 y 18 son los responsables de casi el 70% de los casos de cáncer de cuello del útero, así como muchos casos de cáncer de ano, pene y algunos casos de cáncer orofaríngeo, el desarrollo de estas vacunas contra el VPH tiene el enorme potencial de mejorar la salud reproductiva y el bienestar de mujeres y hombres. Y como las vacunas profilácticas contra el VPH sólo son eficaces para individuos que no están infectados con el virus, será importante administrar la vacuna a todas las mujeres antes de que sean sexualmente activas.
En 2003, casi el 28% de las jóvenes que estaban en noveno grado y más del 37% de los jóvenes que estaban en noveno grado habían tenido relaciones sexuales (Grunbaum et al., 2004). Para proveer la vacuna a estos jóvenes antes de que sean sexualmente activos, la FDA aprobó la vacuna Gardasil para niñas y mujeres de nueve a 26 años y el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP, por sus siglas en inglés) del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) recomendó que la vacuna se administre como práctica de rutina a las niñas y mujeres desde los 11 y 12 años hasta los 26 años (Associated Press, 2006; FDA, 2006). Las pruebas iniciales se realizaron mayormente en mujeres de 15 a 26 años.
No se cuenta con los datos suficientes para que la FDA apruebe el uso de estas vacunas en varones jóvenes. No obstante, muchos médicos creen que debe vacunarse a los niños, a pesar de que este sea un uso no indicado en el rótulo de la vacuna (off-label), para generar un efecto de “inmunidad colectiva”. (Cuando la gran mayoría de los individuos están inmunizados, se logra prevenir el contagio del patógeno combatido dentro de la comunidad — incluso aunque una pequeña cantidad de personas haya quedado sin vacunar.) Un estudio reciente sugirió que la vacunación de las niñas de 12 años podría potencialmente reducir los casos de cáncer de cuello del útero vinculados al VPH 16 y 18 en más de un 95%. La vacunación de los niños y niñas podría reducir los casos de cáncer de cuello del útero un 3% más (Taira et al., 2004). Proteger a los hombres de las verrugas genitales también podría potencialmente romper la cadena de transmisión de las verrugas genitales (Bor, 2006).
La edad temprana de vacunación ha llevado a muchos investigadores, proveedores de cuidados de salud, padres y a los mismos pacientes a plantearse las cuestiones específicas a la aceptación de una vacuna contra infecciones de transmisión sexual, o más específicamente, contra el VPH. Se mencionan muchos obstáculos potenciales para la vacunación, por ejemplo, la creencia de que los niños ya reciben demasiadas vacunas, la preocupación de que la inmunización puede llevar a adoptar conductas sexuales riesgosas, la preocupación de que la vacuna no sea segura, la renuencia a inmunizarse en contra de las infecciones de transmisión sexual y la renuencia a hablar con los niños acerca de las ITS y la sexualidad (Kahn et al., 2005; Mays et al., 2004). Estos obstáculos potenciales son muy similares a los que se presentaron durante el desarrollo y la aprobación de las vacunas contra la Hepatitis B — las primeras vacunas desarrolladas para reducir el riesgo de contraer un virus que puede causar el cáncer (Rosenthal et al., 1995).
Cuando los individuos y los padres se enteran de que hay una conexión entre el VPH y el cáncer de cuello del útero, desaparece la renuencia a vacunarse. Varias encuestas a adultos jóvenes han establecido que las tasas de aceptación de las vacunas contra el VPH y las ITS se encuentran entre 74 y 89% (Boehner et al., 2003; Kahn et al., 2003). Las encuestas a los padres han determinado que las tasas de aceptación de la vacuna contra el VPH se encuentra entre 73 y 84% (Davis et al., 2004; Mays et al., 2004). Vacunar a los niños abre la posibilidad de comunicación entre padres e hijos y entre los proveedores de salud y los niños. La vacuna contra el VPH nos da una oportunidad única de educar a los niños sobre la sexualidad y la expresión sexual de la salud.
Costo
Los padres y los proveedores de salud también se preocupan por los costos de la vacuna contra el VPH. La Gardasil cuesta $360 (Merck & Co., Inc., 2006b). Todavía no sabemos cuál es el costo de la Cervarix. Para ayudar a diferir el costo de las vacunas contra el VPH, ACIP votó por agregar la Gardasil al programa de vacunas para niños del gobierno — un programa que cubre el costo de las vacunas para los niños que no tienen seguro o cuyo seguro no cubre las vacunas (Associated Press, 2006). La recomendación de ACIP también podría impulsar el aplazamiento de los costos a través de compañías de seguro o planes de salud estatales (Bor, 2006). Merck también tiene el plan de proporcionar vacunas gratuitas a los adultos que no tienen seguro o tienen ingresos bajos mediante el desarrollo de un nuevo programa de asistencia para la vacunación de adultos (Merck & Co., Inc., 2006a).
El posible costo de la vacuna es alto, pero no es comparable con el costo total de contraer VPH y cáncer de cuello del útero en los Estados Unidos. En 2000, el costo total adjudicado al VPH en mujeres y hombres de entre 15 y 24 años fue de casi $3000 millones (Chesson et al., 2004). Un estudio de costos realizado entre las mujeres cubiertas por planes de salud determinó que el promedio de costos por mujer para el análisis y tratamiento de enfermedades en el cuello del útero vinculadas al VPH era de $26,415 (Insinga et al., 2004). Las vacunas no eliminarán todo el costo de los análisis o tratamientos, pero sí podrán reducirlo notablemente.
Prevención continua
Es posible que se necesiten refuerzos de la vacuna. Hasta que no se desarrollen otras vacunas que protejan contra todos los tipos de VPH oncogénicos, es necesario que las mujeres sigan practicando sexo seguro y se hagan regularmente el Papanicolau.
La abstinencia y la monogamia de por vida seguirán siendo los métodos más eficaces para evitar completamente las infecciones por VPH. Aunque la Gardasil fuera 100% eficaz no sería suficiente, porque hay que tener en cuenta que esta vacuna sólo previene contra los tipos de VPH que causan el 70% de los casos de cáncer de cuello del útero. Las mujeres seguirían dependiendo de los análisis para protegerse del 30% restante. Para la mayoría de las mujeres sexualmente activas, la medida preventiva más importante para protegerse de desarrollar cáncer de cuello del útero continuará siendo realizarse el Papanicolau en forma regular (Janicek & Averette, 2001). Evitar el contacto de piel a piel con alguien que tiene VPH es la estrategia más eficaz, pero no siempre práctica, para evitar las infecciones por VPH. Y aunque puede ser que los condones no eliminen totalmente el riesgo de transmitir el VPH, su uso es recomendable para reducir el riesgo (ASHA, 2001; Winer et al., 2006). Un estudio reciente publicado en el New England Journal of Medicine, determinó que las mujeres cuyas parejas usaron condón en forma sistemática y correcta durante las relaciones sexuales vaginales por un período de ocho meses tuvieron 70% menos posibilidades de contraer una infección por VPH que las mujeres cuyas parejas usaron condón en menos del 5% de las relaciones sexuales vaginales (Winer et al., 2006).
No obstante, como el VPH se puede contagiar por el área que no está cubierta y entra en contacto, los condones no brindan una protección tan completa contra el VPH como contra algunos otros patógenos, como el VIH y la gonorrea (Stone et al., 1999). Hay personas que se oponen al uso del condón alegando que su uso aumenta la cantidad de casos de infección por VPH, pero esto es falso y alarmista. El uso del condón no es de ningún modo la causa de que haya tantos casos de VPH o de cáncer de cuello del útero entre las mujeres en los Estados Unidos. De hecho, dos estudios holandeses demostraron que el uso del condón ayuda al retroceso de las lesiones de VPH en las mujeres y los hombres y también a la desaparición del virus de VPH en las mujeres (Hogewoning et al., 2003; Bleeker et al., 2003).
A pesar de que el VPH es endémico entre las mujeres y hombres sexualmente activos en los Estados Unidos, es un alivio saber que ahora disponemos de una vacuna, que estas infecciones la mayoría de las veces se mantienen asintomáticas, que los síntomas, si se presentan, son generalmente controlables, y que el uso del condón puede reducir el riesgo de contagio. De todos modos, las mujeres sexualmente activas deben mantener el hábito de hacerse el Papanicolau en forma periódica.
Recursos adicionales
American Social Health Association (ASHA) P.O. Box 13827 Research Triangle Park, NC 27709 (919) 361-8400 (919) 361-8425 (fax) www.ashastd.org
American Cancer Society (ACS) 1599 Clifton Road NE Atlanta, GA 30329 800-ACS-2345 www.cancer.org
National Center for HIV, STD, & TB Prevention Centers for Disease Control and Prevention 1600 Clifton Road NE Mailstop E-49 Atlanta, GA 30333 cdcinfo@cdc.gov www.cdc.gov/nchstp/od/nchstp.html 800-232-4636 800-311-3435
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Referencias citadas
Cited References
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Autor principal — Deborah Friedman, MPH Traducción – Susana Petit y Judith Cohen
Publicado: 08.01.06 | Actualizado: 08.01.06
Publicado por la Biblioteca Katharine Dexter McCormick
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