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Una Educación Vitalicia

Nuestra columnista, Haydeé Morales, es la Vicepresidenta de Educación y Entrenamiento y el Centro de Margaret Sanger Internacional de Planned Parenthood of New York City.  Este artículo está escrito también con Rosa Ocampo, una educadora (Adultos Modelos) de Planned Parenthood of New York City.

Para muchos, vivir como un latino en los EE.UU. puede significar estar tratando constantemente de reconciliar dos mundos. Cuando hablamos de la diferencia entre el mundo del sexo y la sexualidad en el cual nos criamos y el que nuestros hijos viven ahora, esa tarea puede parecer imposible.

Como educadores de la sexualidad, trabajamos con los padres que están siempre luchando para superar esta brecha. Los padres se preocupan de perder la cultura y los valores familiares con los que ellos se criaron a los que sus hijos aprenden fuera de la familia. Se preocupan de lo que sus hijos están expuestos en el Internet, en la televisión, o en la música. Y se preocupan de lo que sus hijos puedan estar dejando atrás.

Pero a nosotros como padres nos han dado un regalo. Porque hacer malabarismos entre dos mundos no tiene que significar el renunciar ninguno. Significa la oportunidad de elegir lo mejor de los dos mundos, y pasar esto a nuestros hijos. Y nunca ha sido eso más cierto que cuando se trata de la salud sexual.

Tome por ejemplo, las lecciones que muchos de nuestros padres nos enseñaron sobre el sexo y la sexualidad- que era algo del cual no se hablaba y definitivamente no se hacía. Como resultado, muchos de nosotros nos hemos quedado a defendernos por nosotros mismos, improvisando al juntar la poca información que hemos podido sobre la imagen de cuerpo, el proceso de la pubertad, la prevención del embarazo y las enfermedades de transmisión sexual.

En el mundo de hoy, esta falta de información podría ser mortal para nuestros hijos. Esto no significa que tenemos que adoptar lo que a veces parece ser un aluvión constante de imágenes de sexualidad desenfrenada. Significa que podemos adoptar las partes de los valores de nuestros padres que nos gustaron, como preferir que nuestros hijos estén casados antes de decidir de tener sus propios hijos, y unirlas con cosas que sabemos que son útiles, como tener una conversación abierta y honesta con nuestros hijos sobre la salud sexual.

Otro ejemplo es el Internet. Con razón, muchos padres con quienes trabajamos están nerviosos sobre lo que sus hijos puedan encontrar en línea, a que tipo de sitios puedan visitar o mensajes sobre el sexo ellos puedan estar expuestos.

Pero no tenemos que quedarnos con los brazos cruzados y esperar a ver que encuentran nuestros hijos. En cambio, podemos tomar las partes del Internet que apreciamos- tal como información para nuestros hijos sobre cómo mantenerse seguros y saludables, y compartir eso con nuestros hijos.

Ciertamente que equilibrar dos mundos nunca es fácil. Es un proceso continuo de aprendizaje y significa estar evaluando constantemente lo que sabe, o piensa que sabe, y cómo se siente sobre ciertas situaciones. Pero es un proceso de aprendizaje que solamente puede mejorar, hacer más seguro y saludable, nuestras vidas y la de nuestros hijos. ¿Y quién puede discutir eso?

(01/05/10)


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